• Iglesia Evangélica Luterana La Trinidad

"Polvo al polvo, ceniza a ceniza, tierra a tierra"

Actualizado: 6 de mar de 2019

Reflexión sobre este miércoles de Ceniza


"Polvo al polvo, ceniza a ceniza", son las palabras pronunciadas ante la tumba, justo antes que nuestros restos mortales reciban cristiana sepultura.


El cristianismo desde antiguo ha rehusado que el cuerpo sea cremado, no que sea pecado, pero sí poseemos una razón poderosa para volver a la tierra. En nuestra tradición cristiana arraigada en el judaísmo, somos tierra, venimos de este elemento esencial de la naturaleza y volvemos a ese estado primigenio cuando morimos.


Ser "tierra", "polvo" es más que simplemente reconocer que somos seres mortales, es también reconocernos parte de un sistema de cosas, de un planeta que posee leyes y que "recicla" la vida, la renueva a través de ciclos de vida y muerte, de comienzo y final.


No hay nada equivocado en el diseño terráqueo: "la materia no se destruye, solo se transforma" y allí en el secreto de los seres vivos que mueren cada día, otros seres viven, se reproducen, crecen, hacen vida de lo que ha muerto. Un árbol caído en la selva está muerto pero da tanta vida y por tanto tiempo!


Ser tierra, reconocerse, nos iguala, "nos baja los humos", esos que tenemos de engreimiento, de aires de superioridad que a veces nos inundan el alma y la oscurecen. No hay diferencia entre nosotros y el más vil insecto, todos somos enjuiciados por el tiempo que tarde o temprano nos alcanza. ¿Cuando llegue a su final esta existencia tuya y mía, qué habremos logrado? ¿Con que te quedarás finalmente? Tendrás arrepentimiento por las cosas que hiciste hacer y no pudiste? Te preguntarás si el tiempo invertido fue suficiente, si habrá sido la mejor decisión lo que tomaste, si amaste a quien debías, si te la jugaste por lo justo alguna vez, si no tuviste miedo de ser, si viste solo espejismos y los seguiste ciego, ciega?


Nuestra mortalidad nos interroga fríamente. Y su reloj sigue quitándonos seres preciados por el corazón. Nos iremos un día y si no hemos aprendido a valorar lo verdaderamente importante, tal vez haya rabia en nuestro último aliento. Si no, habrá paz y como San Francisco la llamó, será la "bendita hermana muerte" las que nos anuncie que el viaje recién comienza.


Pastor Marcelo Huenulef

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