• Iglesia Evangélica Luterana La Trinidad

Los perdidos son hallados... la gracia de Dios siempre nos encuentra

Actualizado: 2 de feb de 2019

Lucas 15: 1-10



En este botón se resume la historia de un Chile perdido: de un día cuando se apagó la luz, de una noche larga. En este botón de resume una crueldad tan grande, que uno se pregunta cómo fue que seres humanos pudieron hacerle eso a otros seres humanos. La historia es conocida... en el parque por la Paz de Villa Grimaldi, antes un centro de exterminio y muerte, se guarda este grito de justicia en un sencillo botón, un botón de nácar. Este botón es una prueba de que allí, amarrado a un trozo de riel, -sí de riel de ferrocarril-, hubo un cuerpo, una persona, que fue lanzada al mar por los exterminadores de ese tiempo.


¿Cómo es que los seres humanos podemos llegar a perdernos tanto?

¿Cómo es que alguien llega a extrañarse tanto de su humanidad, que es capaz de dañar, destruir, mancillar al hermano, a la hermana, hecha a imagen de Dios?

Y allí están las Nabilas sin ojos, los Angel, niño asesinado por su madrastra... o nuestro vecino que hace unos días fue asesinado para robarle su casa.

¿Cómo es que los seres humanos nos volvemos tan indolentes al dolor humano de los demás y tan ciegos?

¿Cómo es que podemos extraviarnos a tal grado que producimos dolor y muerte a los demás?


La parábola nos golpea porque hay un orden, una cifra perfecta, son 100 las ovejas, son 10 las monedas perdidas. Una de cien se pierde, una de diez se pierde. Es el 10% el que sufre o el  1% es el 10% o el 1% que se extravía, es el 10% o el 1% que se aliena de los demás, pero ello basta para que todo el sistema sufra. El pastor sabe, la mujer sabe, que sin esa moneda, sin esa una oveja, nada es igual. Y lo sabe la madre que espera aún en estos días, encontrar al que nunca encontró, al dueño del botón de nácar, pero el amor hace que siga buscando, incansable como Dios mismo, levanta la casa, barre la casa, busca las evidencias, sacude el polvo del tiempo, si acaso debajo de todas las excusas, de todas las mentiras, de todas las cobardías y de todos los timbres falsos, tal vez haya todavía alguna verdad acerca de su ser amado. 


Así nos ama Dios, así nos busca, de manera incansable, tocando puertas, surcando caminos, llamando a voz en cuello nuestros nombres, gritando en los caminos, preguntando si nos han visto. Y nosotros vivimos nuestras vidas como que nada importa, pero sí importas, sí vales. Cada cosa que haces vale, vale un Helmut Frenz, vale un Savolaine, un Silva Henríquez, una Iglesia que sufre por los que sufren


Y me dicen que olvide, ¿cómo?, si Dios no olvida, sigue buscando, sigue ayudando y sosteniendo a la Yolita en Puerto Montt a quien le tiraron a su hijo al mar... tal vez ese botón de nácar sea de Esteban, su hijo, ¿quién sabe? Yo sólo sé que nunca lo encontró. Solo sé que El único que nos encuentra a todos y a todos es ese mismo amor que ha buscado a Esteban tantos años y sé que un día Yolita, en ese cielo de gozo que la parábola promete, en ese cielo, lo volverá a ver, a abrazar, a besar, a recomenzar.


Es 11 de septiembre y no es una fecha fácil para nadie en este país. Es un día triste para muchos porque recordamos un momento oscuro de nuestra historia, cuando hermano y hermano, hermana y hermana se enfrentaron. Quiera Dios que nunca más esto ocurra y que Dios nos encuentre, nos alumbre y nos convierta, para que nos descubramos como hijos e hijas suyos y nosotros pueblo suyo, familia de Dios en Cristo. 

Así sea. Amén.


Pastor Marcelo Huenulef

11 de Septiembre de 2016

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